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En las casas valdivianas como ya sabemos los patios no son muy amplios, sobretodo si se trata de un vivienda social. Los pocos metros que quedan después de una ampliación no ayudan para instalar allí un huerto urbano. Sin embargo en ocasiones ya sea por una cosa cultural, ecológica y numerosos casos como una estrategia de subsistencia, parte de este con astucia y dedicación de sus dueñas alcanzan también para una huerta.

Todas ellas seguramente ya estarán cosechando sus porotos, acelgas, perejiles y algunas paapas y por lo mismo habran preparado su primera sopa o caldo del año. A decir del mapuche de la ciudad una rica sopa de sementeras.

“Hacer una verdura de arvejas, de porotitos, de las primera verduras que salen de la huerta nueva se llama sementeras exactamente y esa todo se pela, las habas se pelan, el trigo se pela, el trigo nuevo verde. Se le agrega a esto como arroz y es pura verdura, y el yuyo y si no hay yuyo se le agregan las hojitas de las habas. Esto se hacia y se comía”. (L. Manquel, 2008)

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